Caridad parlamentaria

Por Luis Bareiro

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FOTO / HOY PARAGUAY

En Paraguay la jubilación no es un derecho, sino un privilegio del que gozan solo tres de cada diez trabajadores; los tres que aportan a una caja previsional. La mayoría –los siete restantes– está fuera del sistema y llegará a la vejez sin un ingreso seguro, lo que significa que deberá seguir trabajando o terminará dependiendo de sus parientes o de la caridad de la gente.

Lejos de buscar incluir a esas mayorías desprotegidas, el esfuerzo legislativo de las últimas décadas se concentró en generar todavía más privilegios para una minoría dentro de la minoría; un porcentaje ínfimo de la población que goza de todos los beneficios a costa –cuándo no– de los impuestos que paga la gente.

Obviamente, estoy hablando de los propios legisladores. Como la caridad bien entendida comienza por casa, crearon hace treinta años una caja previsional parlamentaria que les permite jubilarse a los 55 años de edad con apenas cinco años de aporte (un periodo) y con hasta el sesenta por ciento del total de sus ingresos mensuales.

Para entender mejor este absurdo financiero, basta recordar que los trabajadores privados –los asegurados del IPS– necesitamos aportar 30 años para alcanzar la jubilación a esa edad, y 25 años si queremos jubilarnos a los 60.

Hay más diferencias. Si el legislador no es reelecto y todavía no alcanzó la edad necesaria para jubilarse, la ley le permite retirar el noventa por ciento de todo lo que haya aportado. Por supuesto que el trabajador privado no lo puede hacer. Si perdió el empleo o dejó de trabajar por alguna razón antes de cumplir la edad requerida o alcanzar los años de aporte necesarios, sencillamente deberá despedirse de su dinero.

Como es lógico, la publicación de estos privilegios provocó la indignación de muchos. Como respuesta, algunos legisladores pretenden hacernos creer ahora que este tema es una cuestión que les atañe solo a ellos porque es una caja que se financia enteramente con sus aportes. Nada más falso. Como todas las previsionales, sus déficits presentes y futuros se cubrirán con el dinero de los contribuyentes, como pasa ya desde hace años con la caja fiscal, sin ir más lejos.

Es una cuestión matemática simple. Si un legislador entrega el veinte por ciento de su ingreso mensual (hoy son unos ocho millones de guaraníes) por un lustro, y se jubila a los 55 años de edad, habrá aportado 480 millones de guaraníes en ese tiempo. Si vive hasta los 75 años –que es la expectativa de vida promedio– cobrará su jubilación de 24 millones de guaraníes mensuales (el sesenta por ciento de su ingreso actual) durante 15 años, totalizando unos 5.760 millones de guaraníes. Hagan cálculos. Hay un faltante de 5.280 millones de guaraníes ¿Quién creen ustedes que se hará cargo de ese paquete?

FUENTE UH
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