Los hombres pasan; el sistema, no

Por Ilde Silvero

El Mag. Ilde Silveronda FOTO/ UC PÁG. DIGITAL

La creencia de mejoría obedece a la asunción de autoridades que formularon promesas atractivas en sus campañas electorales. Sin embargo, la realidad se encarga de borrar los sueños y hacernos volver a la rutina de siempre.

De hecho, un antiguo refrán nos recuerda que los hombres pasan, pero las instituciones quedan. La forma de integración y las primerísimas acciones en ambas Cámaras del Congreso testimonian que no hay lugar para grandes esperanzas de cambios positivos en este poder del Estado.

Muchos legisladores muy cuestionados, por diversas causas, están de nuevo allí, sentados en sus bancas como grandes señores, cuando hay causas judiciales y graves denuncias en relación a las irregularidades y actos ilícitos que cometieron. Amparados en sus fueros, ni se preocupan por los juicios en los tribunales y, sin sonrojarse, dicen que tienen “la conciencia tranquila”. Tal vez sea verdad porque algunos de ellos ni siquiera tienen conciencia.

Las violaciones de principios de la Constitución Nacional tampoco dejan de repetirse, aunque los protagonistas cambien. Ya tenemos dos presidentes que a toda costa quisieron ser reelegidos, cuando eso está prohibido por la Carta Magna.

Padecemos el reiterado intento de un expresidente, Duarte Frutos, de querer asumir como senador activo cuando la Constitución establece categóricamente que serán senadores vitalicios con voz pero sin voto.

Seguimos con los privilegios exagerados de altas autoridades nacionales con jugosos sueldos, sobresueldos, dobles aguinaldos, costosos viáticos, seguros médicos VIP, cuotas para colocar a parientes y amigos en la función pública, etc.

Tal como están las cosas, nada vislumbra cambios de importancia en el futuro gobierno. El presidente electo y las principales figuras que lo acompañan provienen de la forma tradicional de hacer política, donde gobierno, Estado y partido oficialista se confunden y los cargos públicos se toman como trampolines para aumentar la fortuna personal de los funcionarios.

En medio de la misma mediocridad de siempre, hay una pequeña luz de esperanza porque algunos de los nuevos parlamentarios, de partidos pequeños, han renunciado públicamente a algunos privilegios inmerecidos y afirman tener la intención de sanear las instituciones estatales. Bueno, algo es algo y ojalá que esta clase de legisladores aumente con el tiempo y, sobre todo, que con el transcurrir de los meses, no caigan en las mismas tentaciones que ahora critican, en el eterno proceso de gatopardismo en que algo se cambia para que nada cambie en realidad.

FUENTE abc color
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