Profesor busca alejar al ajedrez de la clandestinidad y llevarlo a clases

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Es la hora del receso en la Escuela Nacional de Comercio Nº 1. Grupos de alumnos están esparcidos por el patio, otros formando fila en la cantina. Algunos juegan a la pelota en la cancha de futsal. Pero unos chicos están casi escondidos en uno de los pabellones de la tradicional institución educativa.

En un espacio abierto y estrecho, entre una sala de clases y una escalera, jóvenes practican ajedrez en unas tablas instaladas en el sitio por el profesor Guillermo Gaona.

El docente enseña Matemáticas, Física y Química en el colegio. Motu proprio, el licenciado decidió comprar una mesa larga, bancos de madera y adquirió cuatro tablas de competición.

Antes había un club de ajedrez en el Comercio Nº 1, pero luego una directora que ya no está, decidió que esto “no servía para nada”, lamenta el catedrático.

Pero su deseo por pasar a otros jóvenes su gusto por el ajedrez pudo más.

“Yo no tengo recursos, pero me apasiona el ajedrez, además es una alternativa al fútbol que se volvió un deporte muy violento”, asegura.

A poco de jubilarse, el maestro cuenta que su anhelo es que el club, que funciona prácticamente en la clandestinidad, sea oficial y más jóvenes opten por desarrollar sus habilidades moviendo las piezas con destreza e inteligencia.

“El problema es que aquí no hay espacio, faltan aulas por la cantidad de secciones y nuevos bachilleratos que se están abriendo”, agrega.

Días atrás, el MEC y el sector privado lanzaron el nuevo bachillerato técnico en cooperativismo en el local.

“En este espacio hace demasiado frío en esta temporada y cuando llueve, tampoco se puede practicar porque el agua arrasa”, se queja Gaona. Mientras, observa cómo sus alumnos intentan acorralar al rey rival y llegar al jaque mate.

encargados. Los jóvenes de los bachilleratos de Márketing y de Diseño son quienes cuidan las tablas, piezas y los muebles del club.

Son también quienes más juegan durante el recreo o luego del horario de salida.

“Me gusta mucho practicar el ajedrez, es una alternativa válida si no queremos jugar otros deportes”, comenta Camila Areco (16), alumna del segundo año del bachillerato técnico en Diseño.

Sus compañeros afirman que Camila es la mejor jugadora en todo el colegio.

“A mí lo que me gusta es que puedo desarrollar habilidades como la paciencia o el pensamiento lógico”, dice Alan Muñoz, del primer año de Márketing.

El Congreso Nacional aprobó recientemente la enseñanza del ajedrez, pero solo en la Escolar Básica, como actividad de apoyo pedagógico y con adecuación curricular.

Establece que el MEC debe ser la autoridad de aplicación de esta propuesta. La normativa ni los legisladores proponentes apoyan el presupuesto para sostener esta actividad en las instituciones educativas de gestión pública.

Es la hora del receso en la Escuela Nacional de Comercio Nº 1. Grupos de alumnos están esparcidos por el patio, otros formando fila en la cantina. Algunos juegan a la pelota en la cancha de futsal. Pero unos chicos están casi escondidos en uno de los pabellones de la tradicional institución educativa.

En un espacio abierto y estrecho, entre una sala de clases y una escalera, jóvenes practican ajedrez en unas tablas instaladas en el sitio por el profesor Guillermo Gaona.

El docente enseña Matemáticas, Física y Química en el colegio. Motu proprio, el licenciado decidió comprar una mesa larga, bancos de madera y adquirió cuatro tablas de competición.

Antes había un club de ajedrez en el Comercio Nº 1, pero luego una directora que ya no está, decidió que esto “no servía para nada”, lamenta el catedrático.

Pero su deseo por pasar a otros jóvenes su gusto por el ajedrez pudo más.

“Yo no tengo recursos, pero me apasiona el ajedrez, además es una alternativa al fútbol que se volvió un deporte muy violento”, asegura.

A poco de jubilarse, el maestro cuenta que su anhelo es que el club, que funciona prácticamente en la clandestinidad, sea oficial y más jóvenes opten por desarrollar sus habilidades moviendo las piezas con destreza e inteligencia.

“El problema es que aquí no hay espacio, faltan aulas por la cantidad de secciones y nuevos bachilleratos que se están abriendo”, agrega.

Días atrás, el MEC y el sector privado lanzaron el nuevo bachillerato técnico en cooperativismo en el local.

“En este espacio hace demasiado frío en esta temporada y cuando llueve, tampoco se puede practicar porque el agua arrasa”, se queja Gaona. Mientras, observa cómo sus alumnos intentan acorralar al rey rival y llegar al jaque mate.

encargados. Los jóvenes de los bachilleratos de Márketing y de Diseño son quienes cuidan las tablas, piezas y los muebles del club.

Son también quienes más juegan durante el recreo o luego del horario de salida.

“Me gusta mucho practicar el ajedrez, es una alternativa válida si no queremos jugar otros deportes”, comenta Camila Areco (16), alumna del segundo año del bachillerato técnico en Diseño.

Sus compañeros afirman que Camila es la mejor jugadora en todo el colegio.

“A mí lo que me gusta es que puedo desarrollar habilidades como la paciencia o el pensamiento lógico”, dice Alan Muñoz, del primer año de Márketing.

El Congreso Nacional aprobó recientemente la enseñanza del ajedrez, pero solo en la Escolar Básica, como actividad de apoyo pedagógico y con adecuación curricular.

Establece que el MEC debe ser la autoridad de aplicación de esta propuesta. La normativa ni los legisladores proponentes apoyan el presupuesto para sostener esta actividad en las instituciones educativas de gestión pública.

Es la hora del receso en la Escuela Nacional de Comercio Nº 1. Grupos de alumnos están esparcidos por el patio, otros formando fila en la cantina. Algunos juegan a la pelota en la cancha de futsal. Pero unos chicos están casi escondidos en uno de los pabellones de la tradicional institución educativa.

En un espacio abierto y estrecho, entre una sala de clases y una escalera, jóvenes practican ajedrez en unas tablas instaladas en el sitio por el profesor Guillermo Gaona.

El docente enseña Matemáticas, Física y Química en el colegio. Motu proprio, el licenciado decidió comprar una mesa larga, bancos de madera y adquirió cuatro tablas de competición.

Antes había un club de ajedrez en el Comercio Nº 1, pero luego una directora que ya no está, decidió que esto “no servía para nada”, lamenta el catedrático.

Pero su deseo por pasar a otros jóvenes su gusto por el ajedrez pudo más.

“Yo no tengo recursos, pero me apasiona el ajedrez, además es una alternativa al fútbol que se volvió un deporte muy violento”, asegura.

A poco de jubilarse, el maestro cuenta que su anhelo es que el club, que funciona prácticamente en la clandestinidad, sea oficial y más jóvenes opten por desarrollar sus habilidades moviendo las piezas con destreza e inteligencia.

“El problema es que aquí no hay espacio, faltan aulas por la cantidad de secciones y nuevos bachilleratos que se están abriendo”, agrega.

Días atrás, el MEC y el sector privado lanzaron el nuevo bachillerato técnico en cooperativismo en el local.

“En este espacio hace demasiado frío en esta temporada y cuando llueve, tampoco se puede practicar porque el agua arrasa”, se queja Gaona. Mientras, observa cómo sus alumnos intentan acorralar al rey rival y llegar al jaque mate.

encargados. Los jóvenes de los bachilleratos de Márketing y de Diseño son quienes cuidan las tablas, piezas y los muebles del club.

Son también quienes más juegan durante el recreo o luego del horario de salida.

“Me gusta mucho practicar el ajedrez, es una alternativa válida si no queremos jugar otros deportes”, comenta Camila Areco (16), alumna del segundo año del bachillerato técnico en Diseño.

Sus compañeros afirman que Camila es la mejor jugadora en todo el colegio.

“A mí lo que me gusta es que puedo desarrollar habilidades como la paciencia o el pensamiento lógico”, dice Alan Muñoz, del primer año de Márketing.

El Congreso Nacional aprobó recientemente la enseñanza del ajedrez, pero solo en la Escolar Básica, como actividad de apoyo pedagógico y con adecuación curricular.

Establece que el MEC debe ser la autoridad de aplicación de esta propuesta. La normativa ni los legisladores proponentes apoyan el presupuesto para sostener esta actividad en las instituciones educativas de gestión pública.

 

 

 

 

 

 

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