De cuando Ibáñez proponía escrachar a los corruptos

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Ladrón confeso, piadoso autoproclamado… José María Ibáñez no para de dar sorpresas; también es escritor y desde esa faceta dejó a sus lectores un sano consejo: pasar de la condena verbal de la corrupción al escrache.

Se podría decir que Ibáñez es, a sus 49 años, un autor, si no prolífico, al menos persistente. Ya escribió y publicó cinco libros (si quiere leerlos, están disponibles en la Biblioteca del Congreso): “Manual del joven colorado”, “Cartas a la juventud”, “Caída y retorno de un gigante”, “Reinventando la gestión pública en el Paraguay” y “Diálogo con los ausentes. Desterrando el fanatismo en el Paraguay”, en coautoría con uno de sus mentores: el expresidente de la República Nicanor Duarte Frutos.

Es este último, editado por Fundación Libre e Intercontinental Editora en el año 2003, el que nos ocupa. Tiene 197 páginas y en la 180 el autor nos ilustra: “Es importante que nuestros líderes pasen de la condenación verbal de la corrupción a la condenación material. Es decir, demostrar con actitudes y gestos -aunque sean simbólicos- que los actos de corrupción no son bienvenidos ni alentados y muchos menos que existe indiferencia hacia ellos”.

Está claro que los 42 diputados que se abstuvieron de votar a favor de retirarle la investidura, los seis que directamente votaron en contra y los cinco ausentes no leyeron su libro o no le hicieron caso.

Palabras más, palabras menos, quince años antes de caer en la segunda ola de un espiral de repudio ciudadano (la primera fue en el 2014), Ibáñez proponía lo que hoy se conoce como “escrache”, un neologismo que ya figura en el diccionario de la Real Academia Española.

Quien crea en el carácter profético de la literatura podría decir que en esas páginas, el propio Ibáñez daba instrucciones de cómo habrían de tratarlo cuando la justicia y sus colegas diputados lo blanquearan y dejaran impune por haber hecho figurar a sus caseros como planilleros de la Cámara de Diputados y apoderarse de sus salarios.

Hoy, Ibáñez tiene las puertas cerradas en restaurantes, shoppings, puestos de venta de comida callejera y clubes sociales. No puede estar tranquilo ni en su propia casa, en Alas Paraguayas y Pacheco, que desde hace dos noches seguidas es visitada por ciudadanos que decidieron, tal como él instruyó “demostrar con actitudes y gestos -aunque sea simbólicos que los actos de corrupción no son bienvenidos ni alentados y muchos menos que existe indiferencia hacia ellos”.

Fuente: ABC

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