GREGORIO Y LYDIA

    La jornada laboral transcurría con bastante normalidad, un joven pilarense compartía atención al cliente tras escaparates con unos argentinos, mientras las atestadas calles asuncenas empujaban bajo el sol otoñal a los compradores hacia las tiendas de los modernos shopping, corría el año 2003.

     Una esbelta figura con evidentes rasgos extranjeros estaba procurando hacer unas compras, pero tenía problemas, no hablaba bien el español pues hacia poco que llegó al país y servía en Fortín Falcón, un recóndito paraje del Chaco paraguayo donde el guaraní tenía preeminencia. Su problema contaba con un agravante: quería pagar una tarjeta de telefonía celular con tarjeta de crédito, que era el sistema normal con que los miembros del Cuerpo de Paz de EE.UU.AA. pagaban sus gastos, pero la política de la tienda en cuestión era no aceptar pagos por telefonía con esa modalidad, pues el margen de ganancia era muy exiguo. Ante tal circunstancia, los compañeros le dijeron al pilarense que se ocupara de la compradora extranjera.

     Unos ojos azules y la cordial atención se fusionaron de pronto en un sentimiento que acababa de nacer; el vendedor no perdió tiempo, y entre explicaciones y gestiones averiguó lo necesario sobre la chica. La voluntaria se sintió contenta por la atención personalizada y atraída por el amable trato del joven, le comentó que cada mes venía a la capital, pero que en quince días tendría una jornada en Asunción. Entonces el joven pilarense invitó a la hermosa rubia que tenía ante sí para salir a tomar algo juntos cuando volviera, aunque sinceramente no creía que fuera a llamarlo, le dio su número e insistió en que si necesitaba algo le llamara, que él gustoso le acompañaría las veces que volviera a Asunción. Tras 15 días, el teléfono sonó y una voz con acento inglés fue el punto de partida de una historia de amor que tiene unido a Pilar con Rifle, Colorado EE.UU.AA. En esta nota les contamos esta hermosa historia y compartimos la felicidad de la familia Ríos – LaBelle.

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Gregorio con dos compañeras inseparables y dulces; Lydia y el mate de su terruño. (Ka´ay ro)

Gregorio Ríos nació en Pilar en 1975, estudió en el Centro Regional donde se graduó en 1993. Su idea en principio era probar la carrera militar, por eso siendo estudiante de secundaria se enroló para cumplir con el entonces Servicio Militar Obligatorio. Por Ley de la Nación, todos los jóvenes paraguayos que cursaban el ciclo secundario, podían concurrir en las vacaciones anuales del colegio, en forma voluntaria y con la autorización de los padres a centros de formación o enseñanza militar, para recibir instrucción en materias propiamente militares. Esta modalidad se denomina cimeforista (por la institución CIMEFOR, Centro de Instrucción Militar para Estudiantes y Formación de Oficiales, Suboficiales y Sargentos de Reserva) Posteriormente, juntó sus ahorros y se trasladó a Capiatá, ingresó al Colegio Militar “Mariscal Francisco Solano López” (actual ACADEMIL) y egresó como sub teniente de reserva. Por un tiempo, probó quedarse en la capital, consiguió trabajo con unos primos, como carpintero en construcciones pero al poco tiempo regresó a Pilar.

Pero Gregorio conoció los recovecos del trabajo desde muy pequeño. Proviene de una abnegada y tradicional familia pilarense; con sólo ocho años empezó a vender empanadas, y en época navideña también vendía jabones.

Aún como empleado de la discoteca Play Boy en sus años mozos, también trabajaba en la empresa informática como en la librería de los Ramírez Ántola de Pilar. Fue uno de los primeros vendedores y repartidores de LactoSur. Todo esto le enseñó lecciones de vida muy útiles que forjaron su talante y que le fueron muy ventajosos en la escuela de la vida.

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Recuerdo de juventud en Pilar con amigos.

A su retorno a Pilar, retomó sus actividades anteriores por un corto lapso. Trabajando en la discoteca conoció muchas personas y fortaleció amistades. En una de las tantas conversaciones entre compañeros y amigos, tereré de por medio que son característicos en Pilar, planteó su intención de volver a la capital, a un amigo que trabajaba en un restaurante de Asunción. Este le prometió llamar en cuanto tuviera conocimiento de alguna vacante. Al poco tiempo ya estaba trabajando en “La Pérgola Jardín” un conocido restaurante de Asunción, donde trabajó por los siguientes cinco años.
Para principios del 2003, con 28 años el joven Ríos pasaba a formar parte del plantel de atención al cliente de “Radio Shack Paraguay” una tienda dedicada al rubro electrónica y servicios, en la sede del “Mariscal López Shopping” de Asunción. Fue ahí donde sucedió lo narrado al principio, el encuentro de Gregorio y Lydia. En todo este tiempo, Gregorio cada tanto retornaba a Pilar, aprovechando estas ocasiones para fortalecer sus vínculos familiares y de amistad. Los pilarenses lo recuerdan como un amigo genuino, sincero y con tenaz voluntad para alcanzar sus metas.

Si bien al igual que otros chicos de aquella época, se emocionaba con las películas de héroes norteamericanos como el ícono de las películas de acción de Hollywood Arnold Schwarzenegger, nunca la idea de ir al gran país del norte pasó de ser una fantasía infantil, pero la vida le tenía reservada una sorpresa, pues no solo fue hasta allá, sino también conoció en persona a esta estrella de televisión que marcó la niñez y adolescencia de muchos pilarenses.

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Con  Arnold Schwarzenegger, un icono de las películas de acción de Hollywood.

Lydia nació en Vermont, uno de los cincuenta estados que, junto con el distrito federal de Washington D. C., forman los Estados Unidos de América. Toda su familia es de esta hermosa región de inigualables paisajes otoñales fronteriza ya con Canadá. El nombre mismo del estado delata su procedencia, pues viene del francés vert mont, o sea monte verde. La mayoría de la población, incluyendo la familia de LaBelle, proviene de migrantes franceses que se asentaron en esa región hace mucho tiempo.

Muy joven, Lydia se trasladó a la región central del país, al estado de Colorado. Este enorme estado (comparando con Vermont) es muy conocido por tener los picos más altos de las Montañas Rocosas, que dominan la parte occidental del estado, ya que la oriental consiste en grandes llanuras. Este territorio tiene particular historia por las disputas internacionales que se dieron en torno a él. Si bien fue conquistado por los españoles (por eso su nombre castellano, que deviene del río del mismo nombre) estos no se preocuparon en colonizarlo, de hecho los nativos americanos siguieron habitando en la zona mucho después de la llegada de los europeos. Franceses, españoles y británicos disputaron la zona, hasta que en 1803 Thomas Jefferson adquirió la zona noreste del actual estado dentro de los 2.144.476 km² que compró a la Francia de Napoleón Bonaparte por 15 millones de dólares, que con los intereses subió a 23.213.568 dólares.

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La región suroeste del estado pasó a formar parte de los Estados Unidos en virtud del Tratado Guadalupe – Hidalgo que en 1848 forzaba a México ceder a EE.UU.AA. 2.300.000 km2 para finalizar la guerra. Posteriormente la existencia de oro atrajo a miles de aventureros del viejo mundo deseosos de hacer fortuna. Hasta hoy resuena la “fiebre del oro” de 1859 que sentó los cimientos de muchos condados y ciudades del estado.

Allí lejos de su familia y amigos de infancia hizo sus estudios universitarios en la Universidad Estatal de Colorado, y empezó a trazar su futuro en la vida. Desde pequeña en su familia le inculcaron a ella y sus ocho hermanos, el amor por ayudar a los demás, fue así que el servicio de voluntariado fue cobrando fuerza en su agenda. Estudió la carrera agropecuaria, y se postuló para formar parte del Cuerpo de Paz.

El Cuerpo de Paz (en inglés: Peace Corps) es una agencia federal independiente de los Estados Unidos, cuyo propósito es: “promover la paz y la amistad mundial a través del Cuerpo de Paz, el cual hará disponible para los países y áreas interesados a los hombres y las mujeres estadounidenses que estén dispuestos a servir y estén capacitados para trabajar en el extranjero, bajo condiciones difíciles si es necesario, y ayudar a las personas de tales países y áreas a satisfacer sus necesidades de mano de obra calificada.”
Generalmente son 27 meses en condiciones ajenas a la acostumbrada por los norteamericanos. A Lydia en el 2002 le asignaron a Fortín Falcón, un recóndito paraje en el XV departamento de Presidente Hayes, a más de 600 km de Asunción. Lydia muy pronto notó que el idioma guaraní era un factor clave no solo para comunicarse con la comunidad donde servía sino además para ganar la simpatía y cariño de los lugareños, en su mayoría con fuerte apego a la lengua paraguaya por excelencia. Por eso es que se desempeñaba mejor en guaraní que en castellano, para cuando tuvo su primer contacto con Gregorio.

En aquel lejano punto del país ayudaba a las poblaciones más carenciadas, en el área agropecuaria. Cada tanto, al igual que los demás voluntarios venía a la capital, y en estas ocasiones debía realizar todas las gestiones pues el acceso a la comunidad era muy difícil. La ruta IX Carlos Antonio López es la principal vía de acceso, pero no pasa por el lugar, por tanto hay que hacer un complicado trayecto desde Teniente Irala Martínez hasta Fortín Falcón.

La dulce y milenaria lengua guaraní fue el nexo entre estas dos personas de tan diferentes orígenes. Gregorio lo hablaba de cuna, Lydia lo aprendió por su voluntad de servicio comunitario. La tarjeta telefónica se pagó con tarjeta de crédito pero el trámite quedó en segundo plano como simple dato anecdótico, pues aquella rubia voluntaria de ojos azules y el atento joven pilarense escribieron otra historia más importante.
Gregorio confiesa que aquel día de otoño del 2003 se acordaba del encuentro inicial y la llamada prometida, pero no la esperaba, pues pensó para dentro de sí que la extranjera jamás lo tendría en cuenta, pero justo a los 15 días a la hora esperada, el teléfono del negocio sonó y una voz con acento inglés preguntó por Gregorio Ríos. El caballero también cumplió su parte y la invitó a salir. Él fue con un buen amigo, y ella con su mejor amiga. Los gestos, las miradas y los detalles que iban aflorando regaron la semilla inicial. Se fijaron nuevos encuentros y la comunicación telefónica aportó su cuota en los siguientes días.

A lo largo de tres meses, se veían cada 15 días. Una vez al mes venía ella a la capital, y una vez al mes en la siguiente quincena, él iba hasta Fortín Falcón. El viaje era todo un reto, debía viajar 10 o 12 horas hasta Cruce Pionero y de ahí continuar por otra casi una hora por un camino de tierra hasta donde vivía ella. Cuando llovía esto suponía tener que caminar o esperar que alguna camioneta pase por el lugar; no era nada fácil pero Gregorio ya estaba enamorado, aunque aún no se lo había propuesto a Lydia.

Un buen día tras estos primeros meses, cuando ella vino a Asunción, y estaban en la casa donde vivía Gregorio en Ñemby, surgió la ocasión; Gregorio estaba cocinando y Lydia le preguntó por qué hacía todo eso, es decir, mientras los demás jóvenes de su edad estaban por ahí con sus amigos tomando o jugando, él cocinando para una extranjera. Gregorio, completamente enamorado se jugó y le respondió como para probar su reacción “porque quiero casarme contigo, quiero hacer mi vida contigo”. Era justo lo que Lydia quería escuchar, pues también ya estaba enamorada de él.

Las primeras citas se dieron en diciembre de 2003, y el 14 de febrero de 2004 Gregorio le pidió la mano, empezando oficialmente el noviazgo. Gregorio se lo contó a sus amigos y familiares. Su familia en Pilar lo apoyó, y entre sus amigos aparte del aguante surgieron la curiosidad y los chistes. Algunos, al saber que tenía novia en el Chaco, y lo veían tan entusiasmado, bromearon que su novia sería la folclórica “cachique rajy”.

En el caso de Lydia fue un poco diferente, primero porque su familia estaba muy lejos y segundo porque en Paraguay tenía muy pocas amistades. Se lo contó a su mejor amiga (también voluntaria del Cuerpo de Paz) y a una hermana para ir preparando terreno pues en su país estilaban, en todo caso vivir juntos por un tiempo, pero no casarse así tan de pronto, y encima con un completo extraño. Poco después como a seis meses de las primeras citas se lo comentó a su madre y demás familiares y amigos de Estados Unidos.
En diciembre de 2004 se casaron con una hermosa fiesta en el Jardín Botánico, eran la segunda pareja en hacerlo ahí. La mayoría de los hermanos de Gregorio, sus padres y algunos amigos fueron los invitados del novio; por la distancia la familia de Lydia no pudo venir, pero su fiel amiga que desde el principio estuvo con ella, la acompañó en tan significativo momento.

Justo en ese tiempo terminaba su misión con el Cuerpo de Paz. Ya antes se habían planteado cómo y dónde vivir. En principio habían barajado la posibilidad de ir a Europa, pero por las facilidades para conseguir empleo, el idioma, y la carrera universitaria de Lydia, prefirieron Estados Unidos. Eso fue un desafío enorme para la recientemente formada pareja. Si bien Lydia recibió una retribución por su servicio y Gregorio tenía sus ahorros, aquello no era suficiente para garantizar el ingreso y la permanencia en aquel país, pues las leyes exigían cierta garantía de solvencia económica a fin de evitar el ingreso masivo de inmigrantes cazadores del “sueño americano”. Allí, fue que la familia de Lydia jugó un papel importante, pues su madre corrió con ese trámite. Algo que la pareja aprecia y agradece mucho.

Tras unos dos meses de luna de miel, que incluyo Pilar, parte de Brasil y Machu Pichu en Perú volaron directo a EE.UU.AA. Se establecieron en Colorado, donde la familia LaBelle les ofreció otra fiesta de boda. Consiguieron una casa donde vivir, y Lydia empezó su posgrado en Agropecuaria, mientras Gregorio con sus 30 años, luchaba con el inglés pues llegó allá con un nivel cero. Obtener trabajo era el siguiente reto, pero la pareja ya aprendió a superar escollos juntos, con fe en Dios. Gregorio, mediante un concuñado consiguió empleo en una tienda de comida rápida. Eran tiempos muy difíciles para él pues debía lidiar con todo y en todo momento por las limitaciones de su inglés. Compartía su tiempo entre el trabajo, las clases de idioma y su recién formada familia, todo esto era estresante y agotador.

Por un tiempo vivieron en la villa universitaria. Mientras Gregorio estudiaba y trabajaba. Lydia continuaba con el posgrado, pero allá conseguir trabajo en la carrera profesional es algo más complicado, entonces gracias a su español obtuvo trabajo en un banco, pues ver una rubia de ojos azules hablando español era muy raro y bien visto. Fue así que se asentaron en la pintoresca ciudad de Rifle, en el condado Garfield de Colorado. Allí Gregorio continuó con su trabajo en la misma tienda pero ya obtuvo el ascenso a gerente de su nuevo lugar. A tres años de vivir en Estados Unidos ya su inglés era bastante bueno, también seguía estudiando diferentes especialidades técnicas.
En este tiempo, en el 2007 llegó el primer hijo Dante. También Gregorio cambió de trabajo; empezó a trabajar de chofer para una empresa láctea, oficio que le permitió conocer hermosos lugares como las famosas pistas de esquí en Aspen, Colorado. Lydia siguió por un tiempo en el banco hasta que consiguió trabajo en su profesión. Ingresó en el departamento de agricultura del departamento de defensa del gobierno federal de los Estados Unidos. Hace 10 años que se desempeña en esta oficina, que le ha permitido trabajar en varios puntos del inmenso país, asimismo en el extranjero como en Etiopía, África.

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En una actividad recreativa con los chicos.

Con el tiempo Gregorio trabajó en una empresa petrolera e hizo cursos de capacitación; gracias a esto hoy día trabaja como técnico inspector de pozos petroleros para el departamento del interior, también del gobierno federal. En el 2001 llegó el segundo hijo Alejandro, y con esto la familia Ríos – LaBelle se completó. Son 13 años de casados, con los mismos avatares propios de toda pareja, que ellos con paciencia y amor van superando.

El voluntariado forma parte de sus vidas, y tratan de inculcarlo en sus hijos. Gregorio ha estado trabajando de chaperón (adulto que acompaña o supervisa a uno o más jóvenes) en sus tiempos libres con la organización 4H (Head, Heart, Hands, and Health en inglés; Cabeza -entendimiento-, Corazón, Manos y Salud, en español) con esta organización le cupo experiencias muy bonitas como llevar a los chicos a Costa Rica, Canadá y Estados Unidos. Lydia también sigue el mismo camino que aprendió de niña, y como familia estuvieron en Mongolia por 3 meses en el 2015 aprovechando las vacaciones.
En su paso por Pilar visitaron parques y plazas donde los cuatro se dieron a la tarea de limpiar, como un digno ejemplo de imitar. Gregorio y Lydia siguen aprendiendo y creciendo, es la tercera vez que vienen y tienen la intención de venir más a menudo a fin de ayudar a los niños a conocer más sus raíces y transmitir su experiencia en nuestra comunidad.

Han pasado 14 años de aquel encuentro inicial, cuando Gregorio y Lydia se cruzaron en la vida, Lydia se considera una paraguaya más, toma tereré y mate todos los días en su oficina y habla bastante bien el guaraní, cree que aún le falta aprender la paciencia de los paraguayos ante las adversidades; mientras Gregorio sigue aprendiendo la lengua y cultura americana, admira la organización y patriotismo de los ciudadanos norteamericanos.

Desde SurGente nos congratulamos con la familia Ríos – LaBelle, y esperamos que su hermosa experiencia aliente a los jóvenes a buscar sus sueños, a luchar por sus metas; Gregorio y Lydia dicen que con amor y fe en Dios todo es posible.

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LYDIA Y GREGORIO.

 

 

 

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