Peregrinos desafían al mal tiempo

A pie, en bici o en vehículos, propios o ajenos. Los fieles católicos marchan de distintas partes del país rumbo a la Basílica Menor de la Virgen de Caacupé, sin importar la inclemencia del tiempo ni alertas meteorológicas.

Tradición. No pocos caacupeños se dirigen hasta Ypacaraí para volver a pie hasta la Basílica.

La fe puede más. Desde ayer, en el inicio del novenario a la Virgen de Caacupé, empezó el movimiento de peregrinos hacia el Santuario, ya en pago de alguna promesa o en agradecimiento por alguna gracia recibida.

La ocurrencia de un fuerte temporal o la alerta de más lluvias y tormentas eléctricas no detuvieron a los promeseros.

Un grupo de amigos ciclistas, de Pedro Juan Caballero, llegó a la media mañana de la víspera luego de sortear la torrencial lluvia que se abatió sobre ellos poco antes de arribar a la Villa Serrana.

Aventura. Atravesaron intensa tormenta para llegar a destino

“En Arroyos y Esteros nos agarró mucha lluvia y tormenta con rayos. Pero el amor a la Virgencita es más grande”, manifestó Federico Mareco.

En dos días y medio pedalearon 485 km. Cuatro lo hicieron en bici y otros cuatro los escoltaban en una furgoneta. “El domingo a las 19.00 salimos”, contó al añadir que no tenían idea de cómo llegar. Suelen ir hasta allí en auto, pero esta vez se atrevieron a hacerlo sobre dos ruedas y sin motor.

Federico y su esposa prometieron a la Virgen que si tenían una niña harían la aventura de ir en bicicleta.

“Tengo 36 años y hace 15 años estamos con mi señora y nuestra promesa era casarnos y tener una hija. Ahora le agradecemos que tenemos una hermosa beba de siete meses de vida”, indicó.

Adelantados. A la vera de la ruta 2 pudo verse, aunque no de manera masiva aún, la presencia de peregrinos rumbo a la capital espiritual del país.

En cumplimiento de la tradición, la intención era llegar a la casa de la Santa Patrona en el inicio de su novena.

Los adelantados, además de quienes llegan de otras ciudades, son los lugareños: pobladores de Caacupé que van en colectivo hasta Ypacaraí –o hasta Kurusu Pablito– para caminar luego hasta la Basílica.

Es el caso de Antonio Cabrera, de 63 años de edad, quien en compañía de sus hijas y nietos relató que desde los 14 años mantiene esta tradición: “Todos los años, el día 28 (de noviembre) no hay chipa”, lanzó entre risas porque siempre en cada inicio del novenario descansa de la venta del producto que le ayuda a sustentar a los suyos.

Siente que la Inmaculada le retribuye con salud a él y a su familia. “Tengo una promesa que cumplir: una de mis hijas tiene epilepsia y ahora se está curando. Hace dos meses ya no tiene ataques”, dijo sobre el mal que le aqueja a su hija de 24 años, quien también peregrinaba con los demás.

Sanidad. Si bien la procesión recién arrancó, faltan baños Disal en el camino. Algunos peregrinos se ven forzados a hacer sus necesidades fisiológicas a un costado de la ruta, ocultos bajo algún puente. Tampoco se instalaron aún los toldos de Essap que suele distribuir agua; así como puestos de salud.

Fuente: Uh

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