Hartarse de Itaipú, hartarse de Yacyretá

En los tiempos actuales, el hartazgo puede ser una condición bastante frecuente, producto del gran caudal de información que recibimos diariamente, ya sea vía medios convencionales o redes sociales. Resulta muy fácil hartarse de un tema por lo repetitivo que es, por lo complicado, por lo aburrido o por lo difuso. Justamente, el hecho de que no sea una cuestión digerible para la gran mayoría hace que unos pocos le terminen sacando rédito. En este grupo está el sistema energético nacional y, por ende, las entidades binacionales.

Mucho se ha hablado en las últimas semanas de Itaipú y su renegociación. De hecho será un tema recurrente, considerando que las conversaciones con Brasil serán claves para el Estado paraguayo y el 2023 realmente ya es un año referencial. Las decisiones sobre la modificación del Anexo C del Tratado (bases financieras) tendrán que tomarse antes, puesto que la deuda de la binacional con su principal acreedor se salda en el 2022. Es decir, para ese año ya se deberá elaborar un nuevo presupuesto, así como para el inicio del ejercicio siguiente.

El debate sobre Itaipú es fundamental y necesita ser asequible para todos. En la balanza estará la posibilidad de generar millonarios recursos adicionales para destinarlos a un fondo real de progreso (evitar otro Fonacide) o si se le permite a la ANDE reestructurar su sistema, vender la energía excedente, modificar sus tarifas y así proveer un mejor servicio.

Por tales motivos, la ciudadanía no puede estar ajena a lo que resolverán las autoridades locales. El presidente Mario Abdo Benítez dijo que solo él se encargará de la negociación con Brasil, pero eso jamás puede ser verdad.

DÉCADAS DE OSCURIDAD. Históricamente, Itaipú y Yacyretá no han sido una cuestión sencilla, y en verdad los gobernantes de turno no han buscado que sea una materia fácil, especialmente para el pueblo. Desde sus inicios, ambas hidroeléctricas han tropezado con historias confusas, escabrosas, producto de la corruptela imperante.

El origen de las exorbitantes deudas sumado a los malos manejos administrativos y financieros son solo muestra de los contubernios que se dieron en ambas márgenes y que terminaron beneficiando a pocos, con gran complicidad de los directivos compatriotas. La misión de las hidroeléctricas era lograr el desarrollo de los dos países propietarios. Al parecer, esto se aplicaba mayormente a Argentina y Brasil, si uno observa los Tratados y posteriores documentos modificatorios, entre los cuales se destacan notas ilegítimas.

Y las desprolijidades continúan. Se sigue nombrando en cargos de decisión a personas por favores políticos. En solo seis meses, los principales directivos paraguayos de las hidroeléctricas recibieron USD 2 millones (USD 1 millón cada central) en remuneraciones y beneficios adicionales. Para una nación que cuenta con una notoria pobreza y que vive tantas desigualdades, resulta una bofetada.

Si bien las explicaciones sobre estos desembolsos se sustentan en que los Tratados internacionales así lo establecen, justamente la eliminación de esa casta superior de las binacionales se puede lograr si tan solo existiesen las voluntades para el efecto.

Afortunadamente, el hartazgo también tiene su connotación positiva, cuando este hecho genera una reacción para cambiar el statu quo, para transformar aquella situación injusta. Ojalá la ciudadanía se harte pronto y exija la reivindicación que se merece de Itaipú y Yacyretá.

Fuente: Uh

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