La pasión de un coleccionista chileno ve la luz por primera vez en París

PARÍS. A lo largo de los años, el empresario chileno Álvaro Saieh, junto a su esposa Ana Guzmán, han ido atesorando una importante colección de pintura del Renacimiento italiano que, por vez primera, han decidido exponer al gran público.

La Ciudad Luz, París es sede de la exposición de pinturas de los coleccionistas chilenos Álvaro Saieh y su esposa Ana Guzmán.

Se trata de 75 cuadros de maestros italianos como Lorenzo Monaco, Fra Angelico, Uccello, Lippi, Bellini, Carpaccio, Tintoretto, Veronese o Gentileschi, que conforman “ una visión muy amplia y abierta de la evolución del arte entre el siglo XIII al XVII, según el comisario de esta muestra en el museo Jacquemart-André, Pierre Curie.

La colección Alana, formada por la contracción de los nombres de la pareja, está constituida por medio millar de obras, algunas de ellas maestras que, a lo largo de los años, el empresario y su esposa han ido acumulando. Saieh ha prestado algunas de sus obras para exposiciones de todo el mundo, pero hasta ahora nunca había abierto su colección a una muestra consagrada exclusivamente a ella misma.

Curie, conservador del Jacquemart-André, un museo que lleva el nombre de dos grandes coleccionistas franceses, y Carlo Falciani, experto en arte italiano, hicieron una selección de las obras que mejor representan la colección Alana. ”No han elegido algunas que a mí me gustan mucho“, aseguró a Efe Saieh, presente en París durante la presentación de la exposición.

El corazón de la colección está centrada en el Renacimiento italiano, aunque también incluye obras de la Edad Media y, en los últimos años, se ha enriquecido también con piezas del Barroco. ”Creo que en el Renacimiento se fundamentan los valores que constituyen la civilización Occidental“, aseguró el empresario chileno, que recuerda que en aquella época se regresó a los clásicos grecolatinos, pero sin intermediarios, tras siglos efectuando traducciones a través de lenguas interpuestas.

Saieh se aficionó al Renacimiento italiano durante sus visitas a la National Gallery de Washington y convirtió ese periodo de la historia en su principal objetivo de coleccionista. El empresario chileno aseguró que la escenografía de la exposición de París le recuerda a la forma en la que ellos tienen colocadas las obras.

Yo vivo con las pinturas. Lo que hicieron fue tratar de reproducir cómo las tenemos nosotros. No lo siento tan diferente de la forma en la que las vivo diariamente“, aseguró. Aunque respeta la selección que han hecho de su colección, admite que no están algunas obras que a él le gustan de forma especial, entre las que citó un Greco de su época romana.

”Esta selección la hicieron pensando cómo interpretar lo que yo tengo. Cada persona que selecciona hace una cosa distinta“, indicó. Saieh aseguró que accedió a la petición del Jacquemart-André pero que no le gusta figurar en el primer plano como coleccionista. ” No nos gusta hacer de esto un ‘show’ personal. Prestamos muchas pinturas, pero aparecen en nombre de una colección, no en el nuestro. El gusto nuestro es admirarla, no exponerlas. Entendemos que tenemos que prestar porque algunas son únicas y la sociedad tiene derecho a verlas. Pero a mi no me gusta figurar”, dijo.

Aunque algún día le gustaría que su colección reposara en un museo, Saieh señaló que esa decisión corresponderá a sus sucesores, porque él prevé seguir admirándola mientras viva. A lo largo de ocho salas, la muestra de París presenta ese gusto personal del empresario chileno, comenzando por una proliferación de obras de la Edad Media que colocan en situación al espectador.

A partir de ahí, la muestra se adentra en un recorrido cronológico que permite trazar las diferentes tendencias temporales y geográficas que fue viviendo el arte italiano de la época. Los oros primitivos que presagiaban el Renacimiento dejan paso a la escuela florentina que trajo una nueva concepción de la pintura del siglo XV bajo el influjo de Masaccio, que se tradujo en la emergencia de Fra Angelico, Uccello o Filippo Lippi.

A finales de esa centuria, los motivos religiosos cobran una nueva dimensión con el redescubrimiento de los clásicos, de la mano de Cosimo Rosselli o de Botticelli. La colección Alana también posee obras de la gran pintura veneciana del XVI, Tintoretto o Veronés, donde el color se impone al dibujo.

El retrato cobra peso en el retorno al poder en Florencia de los Médicis a mediados del XVI, representado en la muestra por Franciabigio o Bronzino. La exposición acaba con una muestra del Barroco, el último periodo que ha comenzado a adquirir Saieh, que no desea alargar en el tiempo más su colección.

Fuente: Abc

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